Cuentan por las tierras en las que en estos momentos me muevo (Pipa, Brasil) que había un pescador (de hecho los siguen habiendo pero como retazo de tiempo pasado) cuyo hijo, de vuelta de la ciudad ya licenciado, amén de los esfuerzos del buscador de frutos marinos le aconsejó:
-Padre, tú que eres tan diestro en la pesca, avalado por todos tus colegas, de lo que te sobra, ¿no has pensado en algún momento en la posibilidad de contratar varios jóvenes del lugar, enseñarles, y de ahí poder organizar un pequeño negocio, de donde daría fe que podrías abrir una pequeña pescadería, la que sin duda, gracias a tus dotes de trabajo que siempre te han representado, daría lugar a una pequeña cadena de pescados y frutos marinos de donde podría asegurar tu capacidad para constituir una gran empresa de la que la vida para ti no sería más que hacer lo que te apeteciera?.
Mientras remendaba las redes tantas veces amiga y compañera, buscó la mirada de su hijo, ahora menos familiar que sus redes y medio inquieto, por si sus esfuerzos para que su hijo fuera un hombre libre por sus conocimientos no hubieran resultado como esperaba, le dijo:
-¿Todo eso para continuar saliendo cada día con mis redes, mi barquita y mi amanecer? No te preocupes por la pesca que me sobra hijo; es una gran satisfacción ofrecerlas a mis amigos, los cuales, les satisfacen más ofrecerme lo suyo a cambio.
Pequeña aportación melódica para haceros una idea.
lunes, 13 de abril de 2009
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